La Gran Muralla

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Por lo general, al hablar acerca de la cultura oriental –en especial del país de China- nos imaginamos un contexto mágico, propio de una de las civilizaciones más antiguas del planeta. El director Zhang Yimou apuesta directamente a rescatar este misticismo y ponerlo a cuadro en cada uno de sus filmes; con la ayuda de la cinematografía moderna, cada historia que nos presenta es una odisea que se disfruta en todo detalle.

Ejemplos de su calidad son las aclamadas cintas “Hero” (2002) y “La maldición de la Flor Dorada” (2008), sólo por mencionar algunas de sus obras. Si bien, las artes marciales –como pieza bien acuñada al patrimonio oriental- son de los recursos más usados en su trabajo, por continuar el legado de la filmografía de su país de origen, este director ha apostado en sus últimas entregas a atraer público de occidente incorporando otras perspectivas propias de este lado del mundo, creando lo que Ernesto García Canclini (antropólogo y escritor argentino) llama una “Cultura Híbrida” es decir, una visión moderna de esta, una apertura a otras personas y la capacidad de crear productos novedosos para un nuevo consumo.

La razón por la que sale a relucir este concepto es por la esencia de la película. Estamos acostumbrados a ver largometrajes chinos (o al menos está dentro de nuestra referencia) cuyos contextos, dentro de la era imperial, tienen un conflicto entre dinastías o entre mercenarios y ejércitos, que es difícil pensar que la fantasía esté presente, incluso sabiendo que los países orientales tienen mucha riqueza en este sentido. Esta intención logra que toda la historia sea fresca entre sus semejantes y entre los trabajos pasados del director chino.

Por supuesto, la cinta está sobrecargada con mucha acción, pues es la firma de Zhang Yimou, y es debido a las tantas escenas bélicas que no defrauda en ningún momento sino al contrario, nos captura a cada fotograma de la lucha. Pero este caso muestra otra faceta; sabemos los límites (aún cuando sobrepasan las barreras de lo sensible) cuando las guerras son desarrolladas entre dos bandos de humanos, pero no cuando el enemigo se conforma de seres zoomorfos sacados del subconsciente de una sola persona que conoce estos límites –el mismo film lo menciona “¿Qué dios puede haber creado estas criaturas?, Sólo uno que no conocemos-. Y aquí se descubre esta incertidumbre, ¿Qué pasa cuando nos enfrentamos a algo que no conocemos? ¿De qué son capaces estos seres? ¿Cómo ganaremos?

“La Gran Muralla” hace hincapié en algo, en mostrar el potencial del que fue el ingenio de un imperio poderoso. Cabe mencionar que esta película pone otra duda curiosa y divertida sobre la mesa, ¿Es acaso esta historia una ucronía? Es decir, ¿La gran muralla china se construyó para hacer frente a seres fantásticos y monstruos propios de ese país? ¿Esta construcción es sólo más que un muro de piedra? Los juegos mentales sazonan cada momento en la trama.

Definitivamente, esta nueva cinta no debe pasar desapercibida. El sello de calidad de Zhang Yimou vuelve a corroborar otro largometraje a la altura de sus precedentes. Además de la notoria acción que se disfruta, la fotografía, el vestuario y por supuesto, la magna producción de los escenarios –sorprendentes sobre todo aquellas escenas de los palacios imperiales y los paisajes montañosos- que encontraremos nos transportarán al majestuoso país asiático y nos hará testigos del honor, la valentía y los valores que ya han caracterizado a esta cultura ancestral.

Por Emmanuel  Hernández

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